Sangre-veneno eres una serpiente enroscada en mi garganta soy una liebre ciega, una mariposa mutilada espero paciente en la orilla...en la orilla del Universo
Descubres despierta que sigues soñando duermes de día, las madrugadas son nuestras tu lengua escribe entre mis dedos la palabra que siempre quemará tu boca
Dominar tus tempestades quisiera, al hundir dientes en tu carne Tengo un sólo sueño...un sólo destino Trascender del placer al dolor Morir en tus labios...por fin descansar en tu huerto
Con la blanda dureza de un lamento Florecen magnolias abrazadas a tus caderas Estallo constelaciones exiliadas… pervertidas Que violentas se suicidan mudas entre tus piernas
Vivo poseída...encadenada a las cumbres de tu pecho ¿Quién era yo antes de tí? Una paloma, una gaviota tal vez Lo único que siento es deshacerme de mi capullo Y ofrecerte la dulzura de mi sexo
Vengo del umbral que se abre cada vez que me invocas Para embelesarte en vaivenes… en telarañas espirales Oculto en el arrullo que sueña detrás de tu ombligo Lamo tu cuello bebiendo su rocío... palpito
Misteriosa criatura ¿de dónde has venido? Eres quien me devora despacio...delicioso martirio Tiemblo como un animal pequeño con cada espasmo Temo no poder seguir latiendo...de verdad lo temo
Respondo derrumbando tus inhibiciones Sació mi instinto en los claros de tus labios Entre tus templos, entre las piedras, en tus monumentos Nuestro encuentro... mi aliento... la obscuridad... tus ecos
¿Me sientes? te pregunto con voz de nube Silencio de agua al amanecer ¿Vives aquí o en mis sueños? Dejas simplemente que el canto de sirenas colme mi pecho
Serás quien cabalgue la cresta del volcán Mi esclava, la prisionera de mi fuego Soy aquel que transforma la voz en alaridos Y quien ciñe los amarres al descender tus precipicios
Yo no soy más que lo que tú quieres que sea El reflejo en tus ojos, el tacto de tu lengua Soy aquella que se despierta en tu piel Y se abre entre tus dedos
Húmeda de espacios cálida memoria Brotas en riachuelos en mis adentros Llenando mi cause con tu recuerdo Peces y aves viven en nosotros, sin esperar la tempestad